El juego de expresión dramática le invita al niño a jugar con roles a través de la improvisación. El niño usa máscaras y elabora su utilería.
El terapeuta ayuda al niño a distinguir lo que pertenece a la imaginación y al drama de la historia, de lo que pertenece a la realidad de sus experiencias. Todo es posible en el juego y este le permite al niño hacer lo que en su realidad no sería permisible o posible. Ambos, niño y terapeuta sienten dolor al pretender el dolor, sienten temor al jugar el miedo, sienten tristeza al pretender la tristeza, sienten la alegría al bailar, es así como al personificar en el juego, niño y terapeuta se convierten en la persona que actúan.
Este juego genera una autoexpresión espontanea maravillosa.
Al tener la oportunidad de jugar roles, el niño puede tomar simbólicamente distancia de lo que lo amenaza y paradójicamente contactar su propia experiencia al reactuar la situación específica.
La paradoja está en el poder acercarse tomando distancia, al permanecer en el caos y permitir que emerja la coherencia del sentido.
En la terapia se usa el juego de roles con los sentimientos, se crean personajes de animales con quién interactuar, se usan las historias para interactuar juntos, se usa el baúl de disfraces para permitir que surja la historia, se usan las máscaras como principio de la historia, se utiliza la cámara de video para filmar la representación y luego revisarla junto al niño y se usan las ideas elicitadas en el juego proyectivo.
viernes, 19 de agosto de 2011
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